Una división puede estar bien hecha y dar una respuesta engañosa. En los últimos días, varias voces han asegurado que España concentra más de la mitad, incluso siete de cada diez, de las muertes ocurridas en accidentes de alta velocidad en todo el mundo. La afirmación parece fácil de comprobar: contamos, sumamos y dividimos. Pero antes hay que responder algo bastante menos sencillo. ¿Qué es exactamente un accidente de alta velocidad?
La pregunta merece cuidado. Detrás de cada fila de este análisis hay personas fallecidas, familias y accidentes con circunstancias distintas. Esto no es una clasificación de países ni permite repartir culpas. Es una comprobación de una cifra que ha entrado en el debate público.
Alberto Núñez Feijóo habló de más del 70 % de las defunciones mundiales. Gabriel Rufián dijo que siete de cada diez personas fallecidas en la alta velocidad murieron en España. Una verificación posterior encontró 195 muertes en España y 410 en el mundo desde 1964.
La división da 47,6 %. Es una proporción enorme, muy cerca de la mitad, pero no la supera.
Parte de los fallecidos contabilizados que corresponde a España, según el criterio elegido.
La marca vertical señala el 50 %. La escala llega al 80 % para que las cuatro barras sean comparables.
Cuatro cuentas correctas para cuatro preguntas distintas
El recuento amplio incluye quince accidentes en los que estuvo implicado un tren de alta velocidad. Algunos sucedieron en vías convencionales, otros durante pruebas y uno fue un incendio provocado dentro de un tren japonés. También incorpora Angrois, el accidente de 2013 en el que murieron 80 personas.
El Alvia de Angrois podía circular a 250 kilómetros por hora y la Agencia Ferroviaria Europea lo describió como tren de alta velocidad. Sin embargo, descarriló en una curva limitada a 80, después de abandonar el tramo de altas prestaciones. Incluirlo es defendible. Excluirlo también, si la pregunta se limita a accidentes ocurridos dentro de líneas de alta velocidad.
Elige una definición y observa cómo cambia la respuesta.
¿Qué debe contar como alta velocidad?
195 de 410 fallecidos. Incluye trenes de alta velocidad en vías convencionales, pruebas y Angrois.
Son fallecidos, no todas las víctimas. Los heridos no están publicados de forma homogénea para todos los casos.La selección de nueve grandes siniestros utilizada por El País deja el porcentaje en 54,3 %. Si empezamos a contar en el año 2000, alcanza el 70,1 %. Y si exigimos que el accidente suceda en una línea de alta velocidad abierta al servicio comercial, España suma 115 de 158 fallecidos: 72,8 %. Este último criterio deja fuera Angrois, pero también muchos accidentes extranjeros ocurridos en vías normales.
Ninguna calculadora está fallando. Ha cambiado el denominador, la cantidad total con la que comparamos España.
Angrois mueve casi trece puntos
El caso gallego demuestra la fragilidad del titular. Si retiro únicamente Angrois del recuento amplio, España pasa de 195 a 115 fallecidos. El total mundial baja de 410 a 330 y el porcentaje español cae al 34,8 %.
No es una razón para borrar aquel accidente. Es una prueba de sensibilidad: permite medir cuánto depende la conclusión de una sola decisión discutible. Si una frase cambia de verdadera a falsa al mover una fila, necesita explicar esa fila.
También hay otro problema. «Víctimas» puede significar fallecidos y heridos. Las declaraciones y los cálculos publicados comparan muertes. No existe una cifra mundial homogénea de heridos para los mismos quince casos, así que llamar víctimas a ese resultado ensancha lo que realmente sabemos.
Una suma histórica no mide el riesgo de viajar
Los cinco accidentes más graves concentran el 89,3 % de todas las muertes del recuento amplio. Dos años con tragedias excepcionales pueden transformar el porcentaje de un país sin decirnos cuántos viajes se realizaron de forma segura entre medias.
Para comparar la seguridad de las redes harían falta tasas por viajeros-kilómetro: algo parecido a contar incidentes no solo por país, sino por cada millón de kilómetros recorridos por sus pasajeros. La Agencia Ferroviaria Europea utiliza esa clase de medidas en sus informes de seguridad, pero no existe una serie mundial equivalente y separada para toda la alta velocidad.
Así que la respuesta honesta tiene dos partes. España carga con una proporción extraordinariamente alta de las muertes contabilizadas. Pero «más de la mitad» no es una verdad universal: resulta falso con el criterio amplio, verdadero con otras selecciones y alcanza el 70 % cuando se cambia el periodo o la definición.
La cifra no solo cuenta accidentes. También cuenta dónde decidimos colocar la frontera.
Distribución de los 410 fallecidos incluidos en el criterio amplio.
La concentración explica por qué uno o dos siniestros pueden transformar el porcentaje de un país sin medir el riesgo de cada viaje.



